martes, 12 de junio de 2007

Cicatrices

No lo neguemos: todos tenemos al menos una, aunque sea insignificante y miserable, fácil de esconder; o una escandalosa y vergonzosa, que nos delate y nos señale ante el resto. Una cicatriz que tal vez no conocemos siquiera su existencia, o cuya existencia amargue la nuestra en sí.

Las hay de todo tipo, tamaños, colores, formas, pero todas son una ventana a un recuerdo, una ventana al pasado, un pasado igualmente de todo tipo, tamaño, color, forma… en fin, las cicatrices nos dicen que tuvimos un pasado.

De todas formas, el tener una de ellas, desde mi punto de vista, son una señal de que realmente has vivido, pues una cicatriz no te la haces por estar acostado en la cama viendo TV, si no que te la haces saltando, corriendo, aunque sea rascándote o divirtiéndote, pero viviendo, y viviendo en serio.

Conozco gente que por insignificancias se sienten persuadidos a vivir tras la sombra de una marca que la vida te hizo para decirte: “Hey, eres un ser humano, levántate, el mundo es tuyo, no importa si te rompes la madre ahí afuera, el cuerpo sana mientras exista vida y sepas amarla, cuidarla y apreciarla.

También conozco gente cuya cicatriz se la deben a la amputación de una extremidad (no digo miembro), y se los ve saltando en un paracaídas, corriendo distancias fabulosas, tocando la guitarra y cantando, ¡Viviendo!, sobreponiéndose a las limitaciones del cuerpo que no han limitado su espíritu y no lo harán. ¿Seguiremos llorando?

Suena tonto, ¿no? Pero así es. La próxima ves que se vean al espejo y vean cinco puntos de sutura en la pierna, la inmensa mancha que se hicieron cuando sus padres claramente les dijeron que no jugaran con cloro, la vez que te moreteaste el trasero cuando bajabas a toda velocidad por un tobogán seco, cuando te rompiste la pierna jugando fútbol, o cuando te rompiste el diente al caerle a trompadas a un soquete más grande que tú; esa próxima vez recuerden que aquella cicatriz es una señal de que estuvieron viv@s, y cuando mueran dejarán un lindo cadáver, lleno de vida.

Deje así.

Por último, de las cicatrices que sí nos tenemos que cuidar son de aquellas que se marcan en el alma, que para la vista son invisibles, pero son las que más mortifican y son las únicas que pueden llegar a matar si no son curadas. Por cierto, ¿Cuántas cicatrices del alma somos capaces de soportar?

Un chiste macabro: Un hombre que se sentía totalmente deprimido pues tenía los dos brazos enyesados por un accidente, razón por la cual no podía rascarse la nariz ve acercarse un tipo brincando y bailando el cual tenía los dos brazos amputados. Va donde el hombre y le dice: - Amigo, me has dado una gran lección de vida: Yo aquí, deprimido sin poder rascarme la nariz pues tengo los brazos enyesados, y tú que no los tienes, vas por la vida bailando y brincando - para lo que el tipo le responde: - ¡Cuál saltando y brincando, si desde hace media hora que vengo con ganas de rascarme la espalda y no sé cómo!

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